3 de marzo
Esta mañana ha llamado mi madre. Me hace harta gracia que el mundo esté colapsando y su manera de expresar afecto sea desde el reclamo.
_Si te hubieras casado ahora pasarías el fin del mundo con tu familia; si hubieras vuelto con nosotras ahora yo no estaría tan preocupada por vos. Cuídate hijita querida.
Hoy es mi 37 cumpleaños.

05 de marzo
Algunos días me pasa que pienso en recuerdos que me gustaría olvidar.
Aquella vez que saludé con aires de gran fan a mi disqué pintor favorito y como respuesta recibí una sonrisa burlona y un comentario en plan: ¿pasaste el test de groupie en la Cosmopolitan?
El médico que, cuando le dije de las aguas y remedios caseros que mi mami me había recomendado, gritó en tono de burla: ¡Ah! ¿desciendes de una familia de shamanes? ¿Puedo yo también pasarte un par de consultas para ella?
Al chico que me dibujó una # en una servilleta, le escribí mi telf. y él luego puso una equis en el centro de la figura.
Cada una de las veces que me he sentido tratada diferente, en un país extraño, con gente de la cuál tengo la impresión de que está muy amargada.

06 de marzo
La radio transmite angustia, no más noticias, solo los testimonios en directo de como nos afecta el nuevo caos, ningún otro tema importa.
Me gustaría poder comprar un pasaje de avión y volver a un lugar en el que odié vivir, pero en el que está toda la gente que conozco y me importa.
Me gustan estas noches en las que las vecinas se reúnen en las plazas a ver las lunas. Si a las playas no se las hubiera tragado el mar, seguirían siendo el lugar perfecto. La vigilia se hace en silencio, no se pregunta, casi no se habla. A ratos se oye a alguien sollozar. Extraño las conversaciones sobre cosas prácticas, pero cuando el miedo es el sentimiento que nos desborda, el que hace diez días solo comas arroz con tomate, parece una nimiedad.
Escucho la radio. Todo el día.

08 de marzo
Hoy en el trabajo no se hablaba de otra cosa que de las dos lunas. Yo he comentado que estoy llevando un diario, que si esto se pone interesante puede ser un libro, como toda historia post pandemia se volvió viral.
Cada vez somos menos. Yo voy porque quedarme sola y encerrada en este mini zulo, me da aún más miedo. Supongo que es normal, hay menos transporte público y zonas a las que ya no se puede acceder en absoluto o tan fácilmente. Suerte de mi bici que me resuelve la vida.
En la radio mencionan el fenómeno de las super mareas para explicar las inundaciones que no retroceden y que provoca que el nivel mar haya subido 20 o 30 metros de golpe.
He tomado varias fotos de las dos lunas, pero no se parecen en nada a las de las redes. Impresiona ver esas dos enormes rocas en el cielo. Una luna nunca me pareció amenazante. Dos me provocan terror, sobre todo cuando sus sombras se sobreponen. Todo ahora tiene doble sombra y el mundo se ha vuelto un lugar brillante. Los noctámbulos han perdido la cordura de tanto extrañar la noche. En general, mucha gente lo esta pasando mal por la falta de sueño.

12 de marzo
Mientras más las miras, más difícil es quitarles el ojo. Imagino que la segunda es como la hermana, la cuñada o la suegra que llegan sin invitación y sin avisar. No me canso de admirar su belleza, pero cuánto incomoda su presencia no requerida, no esperada. Pobrecitas, seguro que nada de esto es su intención.
La teoría que me gusta es la de una chica de Instagram que dijo que habíamos viajado a otra dimensión. No sé qué implica, pero me suena como una premonición de un gran cambio, y ya me gusta.
Años rogando para que pase algo que lo cambie todo y esto no era lo que tenía en mente. No imaginé el fin del mundo, más bien que de alguna forma aprendíamos a convivir sin tanta violencia o pobreza.

14 de marzo
Resulta que ahora todas volvemos a ver la tierra como la única chivita que queda para encaramarse. Nadie quiere ser náufrago en este Titanic. No hay patera a la que subirse, no hay barco de rescate. No hay cohete para Marte o plan B.
La calma se ha desvanecido, ya no se hacen esfuerzos por disimular el pánico. Todas las conmociones y sufrimientos son públicos. Todas estamos desgañitadas de tanto pensar, tratando de entender el desafío que el universo nos planteaba.
Nadie nunca más reaccionará con indiferencia ante las circunstancias catastróficas que se suceden una detrás de otra.
20 de marzo
Hoy es cumpleaños de mi mamá.
Los teléfonos aún funcionan, hay algunas cosas que dan la apariencia de normalidad. Hablamos y están preocupadas porque la población de la costa está subiendo a la sierra; medio país ha desaparecido bajo el agua. No llueve, pero el río Guayas está desbordado y el malecón lleno de agua. Hay full fotos en las redes. Rarote todo. Aquí la crecida del agua es el fenómeno más llamativo.
Mi mamá me explica lo que ha escuchado en las noticias, como si yo no hubiera escuchado lo mismo una y otra vez todos los días,
_dicen que es la segunda luna.
Yo le cuento que ayer soñé que volaba, como cuando era niña y disfrutaba la sensación física de flotar, la levedad del ser, la cálida sensación de estar bien. No tenía miedo, más bien lo disfrutaba. Recorrí kilómetros de campos verdes y floridos en primavera; ríos y ciudades.
A veces siento que todo esto es mi culpa. Cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad, dice siempre mi mamá. Desde hoy pediré a la vida que la luna nueva desaparezca. La situación que vivía no era perfecta, pero aprenderé a sobrellevarla. Me abruma tanto cambio y no me gusta sentirme sola en la adversidad.
Durante los sueños consecutivos me desplazo para encontrar un refugio, una sombra que me proteja, un hueco en una iglesia, un portal, un túnel. Busco con la mirada. Cuando despierto contengo la respiración y la tristeza. No quiero despertar llorando todos los días.

22 de marzo.
Si seguimos contando los días y sus noches. Han pasado más de 48 horas.
He presenciado el momento exacto en que el terror reemplazó a la fascinación. La luna intrusa lleva poco tiempo aquí y ya nadie puede predecir el clima, las mareas, el viento, el ritmo de la luz, que baila al compás de las lunas. Ningún pronóstico es posible. Eso, más que cualquier catástrofe, es lo que paraliza a la gente: no saber qué viene después. Porque el miedo no es nuevo, lo que nos aterra ahora es de una belleza inimaginable e impredecible. En las noches ellas lo dominan todo, brillan en un cielo exclusivo, deslumbrantes.
El precio a pagar por contemplarlas es la perplejidad por la suerte de esta humanidad, que ya estaba sumida en un caos autoprovocado, antes de la llegada de la hermana.
Lo más violento es que no hay forma de modificar este destino. El universo nos ha traicionado y ahora estamos a la deriva. La gran pregunta sobrevuela el mundo, ¿seremos capaces de adaptarnos? ¿cuántas de nosotras lo lograremos? La resistencia tiene límites, la cordura también.
No sé cuándo comienza y termina un día, a veces tenemos 15 horas de luz y otras como 40, o algo así. Cuando es de noche la gente aprovecha para dormir. La única ventaja de mi zulo es que le entra menos luz y puedo hacer noche con facilidad.
Al parecer los animales también están sufriendo. La ciudad está llena de ratas que flotan muertas o se las ve desorientadas ¿buscan algo? ¿comida? ¿refugio? Los pájaros se han vuelto agresivos y chocan con los edificios. ¿Qué habrá pasado con los peces en estos océanos revueltos?
He deseado más de un día con su noche, que la tierra nos devolviese alguna normalidad, un atisbo de rutina. El agua va, viene y desaparece. Un millón de vidas, la mía, mirando por la ventana. Y a pesar de todo ¡Que hermoso es el océano con dos lunas reflejadas en él!
En mi zulo ya no podía estar. En el tercer piso del edificio un departamento ha quedado vacío y me lo he apropiado. Tiene ventanas grandes. Demasiado grandes.

28 de marzo o la primera noche luego de mucho tiempo de luz
Esta noche he visto una tercera luna, ¿un reflejo? Ahí estaba en la calle mojada con agua de mar, cuando apagué la luz, y seguía ahí por la mañana, radiante, con un arcoíris que la circundaba.
He cerrado las persianas para intentar dormir un poco más.
He tomado la decisión de irme. Mañana me subo en uno de los buses que llevan a las montañas. La guardia civil dice que las ciudades costeras no son seguras. Desde las montañas continuaré escribiendo, ya no sobre agua y lunas, más bien sobre amistades y familia.
He tenido la sensación de que alguien leía este diario mientras yo dormía. Las páginas estaban en orden. Todo estaba igual.
Casi todo.
