Postales.

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11 de julio, 2016

Estimado AleM.

Supongo que esta postal te asombra por inesperada. Pero hoy necesito un amigo de hablar pausado, que no juzgue y discreto. He pensado en ti.

¿De qué se trata esto? De tiempos que corren y de alevosías. De una vida infeliz pero tranquila. De cómo la amargura se acumula, pero no alcanza para ser una historia. De cuando se tiene algo que decir sobre una mujer que lucha contra el miedo, esa desagradable sensación que tira para abajo, hacia la duda y la desconfianza.

Tengo necesidad de narrar y deseo que estas postales sean fragmentos de esta mujer ciega, que se va y abandona el mundo que la vio crecer. Con la intención de vagar hasta recuperar la vista porque apenas distingue, apenas presiente.

Cuando recupere la visión le gustaría escribir todo lo que aprendió sobre emociones y afectos. Ese deseo la motiva a caminar; deambular para curar la falta de perspectiva.

Esta, mi querido amigo, es la primera postal desde el exilio.  Hace una semana aquella mujer salió de su casa, lleva consigo una cámara de fotos y una mochila con ropa. Lo abandona todo porque ya nada tiene sentido: los juegos, el ingenio, los exabruptos, las complejidades del ser, los caprichos, excesos y pasiones; los engaños, lealtades, contradicciones, vanidades, valores y la traición. Todo se ha perdido.

Ahora quiere mirar el mundo, ¿Qué mundo? El del infinito cielo para murmurar, vasta tierra para divagar y exceso de sufrimiento para especular.

Antes tomé una foto, la del lugar al que nunca he de retornar.

Y yo que creí que había nacido para amar.

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10.agos.16

10 de agosto, 2016

AleM.

Algunas personas albergan en su interior una bondad infinita. Otras, un egoísmo miserable. Esta mujer, es la verdad que no interesa; la historia que la casualidad no ha librado del mal, la conciencia que conoce límites y goza sin satisfacer deseos rebuscados. Vive las luchas del mundo y transcurre sin tiempo, sin espacio, sin consideración, sin afectos. La maldad no la atrajo nunca, hasta este presente en el que desearía ser ruin y despreciable.

Su existencia prueba que hay cosas que suceden por propia responsabilidad y otras externas, en las que poco o nada puede influir. Su ADN la destina a ser hija del viento, de la noche. Es la conciencia viva del daño que puede ocasionar la falsedad; engaños validados hasta por el más sarnoso y casposo ser humano que pisa la tierra ¿Cuánta mentira somos capaces de soportar?

Subo escaleras hasta alcanzar la luz, el alumbrado público es más fácil de atrapar. Carezco de imaginación y lo único que se me ocurre pensar es que ocho pisos de caída, ningún cuerpo podrá soportar.

No resisto la luz del día; mi viaje es interno, mi existencia nocturna.  Me quedo dormida en un bar de blues, soñando que algún desgraciado es despedazado.

Y yo que creí que había nacido para no odiar.

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30.sep.16

27 de agosto, 2016

Estimado Amigo…

Te extrañará saber que esta mujer tiene una obsesión, una y otra vez vuelve sobre los mismos pensamientos, le es imposible moverse de lo que ahora parece ser algo peor que un lugar común. Siente asco y ha dejado de comer. Las ganas de vomitar la paralizan. A veces se hunde en la desesperación y no parece importarle el insomnio.

No consume drogas ni alcohol, ni tabaco o mariguana. Desarrolló la teoría de que la tristeza y el miedo necesitan existir eludiendo la realidad; pero ella anhela sentir ira. Para que el dolor pueda volverse furia y movimiento, necesita espacios de lucidez y sobriedad. La rabia se ha de cultivar con la mente despejada.

La falta de drogas para eludir, ha sido sustituida por ideas sobre un universo infinito para recorrer. Mientras pone un pie delante de otro resiente lo irreversible de una existencia con sentido limitado, alimentada por la fantasía y las falsas alegrías para suplir las carencias. ¿Será acaso qué la percepción de la ignominia como valor vital humano, la falsedad como verdad, es lo que le ayudará a salir del infierno en el que vive?

La puerta del cuarto en el que habito, es enorme y pesada. AleM, cuando logro abrirla y salir, paso el tiempo sentada en un rincón favorito de la ciudad-desorden. Hoy envejezco por horas.

Gracias al caño de algún vecino, que, sin saberlo, inunda la maceta de lo que algún día fue una buganvilla, ahora solo queda la rama casi podrida y sin hojas. ¡Pobre!, muerta por estar en el lugar equivocado, en un tiempo miserable. Cabe la posibilidad de moverla, pero ¿para qué?

Harta de observar la muerte, levanto la mirada y fotografío lo primero que veo… esta es mi postal para ti.

Y yo que pensé que era lucida.

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3 de septiembre, 2016

AleM,

Para ella, saber que jamás ha de regresar al punto de partida consuela y libera. Pasa muchas horas sin hacer nada, mirando llover si acaso.

De regreso al octavo piso me encaramo al borde de la azotea, lo suficiente como para que la mitad de mi cuerpo quede colgado, estoy casi ciega, pero eso no me impide intuir la profundidad del vacío que se abre a mis pies. Pienso, en como la mala suerte me acompaña, seguro que salto y caigo sobre algún pobre animal. Suficiente motivo para no caer.

Agarré el teléfono, miré los mensajes de amor y de pasión, (no es mi teléfono, no son para mí) y despierto. Caí. Tan brutal ha sido el golpe que recobre la vista por completo. El daño más profundo ha sido un cristal roto en el orgullo. Crucé de bruces el ventanal de la puerta. Me miro y sangraba.

Cuando logre incorporarme me dolía mi dignidad, que fue la primera en sentir el frío del mármol blanco, luego le siguió la confianza que se retorció y al intentar devolverle una forma coherente, se quebró. La inteligencia y la integridad fueron apenas afectadas, la nueva lucidez adquirida, por el poder de la visión, es lo único que no me han curado en el hospital.

De tanto mirar por la ventana la pierna se ha amortiguado, la sensación de recuperar la movilidad acompañada de cierto dolor es la metáfora perfecta de cómo se siente mi cuerpo. Nadie me visita, pero alguien recuperó mi cámara y la dejo al pie de la cama.

Y yo que pensé que había nacido para sentir.

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30 de septiembre, 2016

Cuando la mujer logra moverse AleM lo hace para leer. Recuperar la visión es un acto valiente. Busca un libro en el cajón donde guardaba las cartas de un hombre. ¡Traidor! Piensa, mientras vomita sobre frases de suplicas y peticiones de perdón. Mirar, a veces, da vértigo y es así como, en un momento de desahogo, todo desapareció; no quedan cartas por leer, no queda nada por usar.

Por suerte en el hospital hay una sala que hace de mirador. El calor del aire acondicionado me reconforta. Miro el agua de un río fluir mientras disfruto auto-compadeciéndome; de pronto una ¿chica/chico? en evidente postura para la foto, desafía mi sensación térmica y por supuesto, mi estado de ánimo. De pronto me escucho reír y pienso que en su lugar estaría congelada, afuera hace frío y ella/él no tiene ni la piel de gallina: “Sus vestidos son un escándalo”, decían las viejas de mi ciudad, ¿Qué hubiese dicho la tía Mae para defenderla?

Reflexiono si debería operarme las tetas. Pienso que ya estoy algo recuperada.

El último mes, resulta ser, al fin y al cabo, un despropósito. Tengo ganas de bailar.

Tomo la foto como recuerdo de la vez que volví a sonreír.

Y yo que pensé que el mundo era un lugar para soñar.

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13 de octubre, 2016

Lo bueno de la inmovilidad AleM es que te cansas de pensar. Eso le paso a la mujer que no es historia, amigo mío. En un nivel sub consiente, casi inconsciente, más allá del lenguaje y de su propia y limitada comprensión del mundo, la mujer apela a una complicada maraña de pensamientos, que al contradecirse entre ellos posibiliten un antes y un después en su viaje.

Un día, gracias a cierto hartazgo, decidió cerrar la tiendita de los horrores en el que convirtió su cerebro y retener lo que comprendió, dejar en paz aquello que no y olvidar lo que intuyó solo seguiría causándole dolor.

De pronto ya no tuvo más preguntas sobre cómo reemplazar lo perdido o vivir lo abandonado. El tiempo era nublado, pero ella pudo ver el sol. Ella quiere un vestido de verano. Compra un libro y come en un restaurante con manteles de cuadros y frascos de conservas con flores, en el centro de la mesa.

Cuando se siente sola relee las palabras de un amigo. Ante la posibilidad de engañar a la muerte un instante más, me encantaría fantasear con la posibilidad de acompañarte unos tres días viajando en un tren con destino desconocido. Que sed debe dar hablar durante 72 horas con alguien; cuanto humor podría desatarse ahí.  Nos alegran cosas para el ahora un tanto extrañas, momento para preguntar por el acto de reír liberado espontáneamente desde las entrañas. Justo ahí cuando pudiendo proferir alguna expresión comprensible te escuche decir: no puedo más con la risa, sí tuviste un día de mierda, ten el valor de faltarle el respeto y reír. Cada frase le recuerda la ternura en sus ojos y le dan ganas de abrazarle.

He cambiado de ciudad AleM. Moverme me ha parecido un acto de rebeldía.

Y yo que pensé que era feliz.

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8 de noviembre, 2016

AleM,

El desgarramiento como noción para reconocer una forma diferente de sentir, es poco esperanzador. La mujer lo sabe, sabe también que es más vieja y más sabia. No todo el mundo puede jactarse de lo mismo. Reduce la lista de cosas que le desconciertan.

La potente luz del sol provoca que sus ojos se entrecierren. Ella está en el mar. Mira sus pies corriendo sobre la arena, llora al pensar cuán lejos está la vida, su vida. Es feliz. Una ligera, pero certera, presunción de infalibilidad le invade.

Nadie contesta. Nadie le ha dicho que hacer. Ella se ha convertido en una mujer adulta y el primer paso para abandonar la época infantil ha sido negarse a ser solo la suma de las circunstancias del pasado. La voz que acaba de hablar es la suya y resuena en el eco de las olas.

La calma reina esta mañana. El cielo no tiene nubes y el sol calienta ¿no le parece?, pregunta una voz. Sus cabellos se aclaran y sus ojos reverdecen. Cada noche somos los últimos, ya no me cuesta dormir, ya no me revuelco presa de pensamientos extenuantes. Las heridas sanan y los errores se perdonan, no sin antes imaginar un diálogo y una imagen para el día siguiente.

¿Y sí me siento junto al ventanal?

Y yo que pensé que era normal.

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12 de diciembre, 2016

Estimado AleM.

Ella mira a su alrededor y no reconoce el amor entre tantas miradas anhelantes. No vale la pena. En el día solo espera la noche. No hay niños, ni perros, ni televisión, ni teléfonos. Esta allí como estaría en cualquier otro lugar, ya no importa dónde. Ahí está, ella pegada a la ilusión de ser otra, o la misma, pero allí fuera. Siente placer por no imaginar nada, por no tener más preguntas. Piensa en que el estruendo del mar es el que no la deja reflexionar y que se quedará allí toda la vida. ¿¡Por qué no!?

Para no pensar en mí, pienso en el mundo. En la infancia, en la juventud; recuerdo que ya tenía estas ganas de largarme y desaparecer, por eso esta sensación me es tan fácil de describir. Desde el miedo a la soledad mando todo a la mierda… ¡Que disparen todos los misiles! ¡Que acaben con toda la estupidez humana de una vez!… bacanal de sangre y aniquilación. Que lleguen los iluminados de turno, que marquen y sometan los cuerpos, porque las ideas ya fueron esclavizadas mucho tiempo atrás; que nos obliguen a ceremonias de suplicio y orden; lejía para la mirada y acetona para blanquear el corazón; violencia para conseguir amor, terror para sentir poder.

El odio me dura apenas unos segundos.

Y yo que pensé que había nacido para ser real.

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20 de enero, 2017

Querido AleM.

Ella permanece de pie, mira el sendero y se anima a recorrerlo. Le cuesta recordar un rostro, pero recuerda unas últimas palabras: “No te odio, solo estaba sordo de vanidad, no escuchaba, solo miraba lo fácil que era conseguir lo que quería. Desear y poseer todo. El futuro estaba exento de cuestionamientos, en el presente no había cabida para los remordimientos. Cuando caíste, yo caí contigo. Corrí, imploré por llegar a tiempo y atrapar tu cuerpo antes de que tocase el suelo. No puedo escuchar tu llanto, tan suave que parece destrozarme los tímpanos. En este instante mi deseo cambio y sentí incontrolables deseos de abrazarte y suplicarte perdón.”

¿Cómo lo adivino? Si nunca pregunto nada. ¿Cómo lo supo? No puedo dejar de pensar en ella AleM. Por las noches escucho el ruido de sus pisadas que me advierten que la inmovilidad de mi cuerpo dormido, no me salva de estremecerme con su mirada. Pero esta vez hay algo diferente, en mis sueños ella ha recuperado la vista y sonríe. Todos duermen, menos nosotras, que en la noche recuperamos la libertad, la sensatez, las ganas de vivir, de sentir, de amar, de acariciar, de escribir, de imaginar.

¿Dónde está la línea roja del traje que nos ponemos para lo postizo y la realidad? Para lo que nos alcanza el billete, de dónde y a cómo se compran los sueños. Aquí esta Lo que Yo vivo (no lo que le cuento a mi psicoanalista), el yo aquí, transitando, transitable.

Hoy la gente me resulta insoportable. Cuando se acaba lo que hay que decir, ¿cómo saber? ¿cuándo hay que callar?

A la pregunta de cómo estoy te diré que el cliché funciona para mí: mal en el amor, sin trabajo y necesito una psicóloga, pero hace mucho que no me siento tan bien.

Y yo que pensé que había nacido para crear.

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29 de enero, 2017

AleM,

He soñado el final.

No recuerdo todo el sueño, pero el final ha sido revelador; una mano escudriña un cajón, encuentra flores secas y un papel marchito en el que se lee: te perdono.

La vi en su mesa escribiendo, la letra era suya. Hace meses que lee el mismo libro, tal vez porque lee la misma página siempre o porque olvida lo leído. El libro es la metáfora de su vida, volver a empezar cada día, aunque el personaje es el mismo, al colocarlo en otro escenario diferentes vivencias se desarrollan. Ella lo quiso así; es lo que imaginó. Aires de tranquilidad inundan la habitación, tiene los ojos cerrados y una media sonrisa en la boca.

Te estaba hablando AleM pero ya no me acuerdo de qué. Si estuvieses aquí te lo preguntaría: ¿Qué decía?

Pronto debo regresar a casa.

Y yo que pensé que era hermosa.

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28 de febrero, 2017

AleM,

Hoy he despertado y ella se ha marchado, abandonó el hotel muy temprano en la mañana. He corrido a su habitación (2016), para comprobarlo con mis propios ojos. Es cierto, solo queda su aroma a menta. Ayer cuando me hablo, por la forma que lo hizo, debí imaginar que este era el paso siguiente: “Soy otra, me dijo. Ya no tengo miedo del porvenir, del amor, de lo desconocido, de la miseria y de la verdad. Por fin me siento libre.”

Veo su sueño y a mí, ¡a mí! sosteniendo su deseo. Todo aquí, en el momento. La muerte perfecta sin éxtasis, sin nirvana; todo acaba de una vez. Morir para revivir en una situación en la que aprenderá y pensará; tiempo imperfecto, pero, por lo menos, real.

Pocos días me quedan en el mar. Corte mi cabello yo misma. Me pregunto ¿qué será de nosotras? Aprenderemos a vivir sin certezas; -marco un tono de advertencia en mis palabras-, por prudencia, como consecuencia de las ganas que tengo de dejar de ser cínica y recuperar la sensatez y el amor.

¿El viernes por la tarde? Sí, ese es el día que por casualidad he de marchar.

Y yo que pensé que había conocido el amor.

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3 de marzo, 2017

Hoy es mi cumpleaños AleM, como cada año en estas fechas recibo tus palabras. Esta vez, como cada año, me obligas a escuchar música, a leerte infinito, imparable. Solo y consciente, igual que yo.

Para romper la monotonía de mi silencio en un día que suelo estar muy ocupada, dedico muchos minutos para contarte que estoy sola y que estoy tranquila. Vuelvo a casa por mis propios medios, por decisión propia. No me guía ninguna señal, tal vez una llamada, una petición de perdón, un deseo.

Regreso a la hora del té, pero con otra personalidad; sin prisas, con ganas de observar y reflexionar sobre el silencio y las palabras. Aspiro llegar a un Paraíso de Pasiones, deseando que sea el lugar para una nueva vida y no un “night club”.

Hoy abandono este hotel, no tengo elección, ya he bajado las maletas y me he despedido del mar. Está claro que he de regresar al lugar que ocupo en el mundo. Me recuerdo a mí misma cuanto extraño la música, escribir, la dialéctica de la vida recuperada, la primera mirada de la mañana por la ventana, los rostros entusiasmados de mis hijos, el abrazo de mi compañero.

¿Lo habrá oído ella? ¿Lo habrá soñado ella?

Esta es mi última postal. Este es un adiós. Un hasta nunca.

Quema todas mis palabras y empecemos de nuevo.

Y yo que pensé que era infinita.

2 comentarios en “Postales.

  1. Me has dejado el cerebro como un puño, los ojos con hipertensión y mareado de similitudes. Yo. Dejar atrás un idealizado paraíso y despertar en un mundo esteril a la ilusión, a la alegría y a la coherencia…que camino de mierda que me toca transitar para llegar, quizas, a ninguna parte. Yo. Quizas solo, incrédulo, con volcanes digestivos e insomnios irregulares. Yo.
    ¿Y si todo es irrelevante?, ¿ella?

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