Infiernos Artificiales.

Ayer mientras buscaba algo para leer encontré Bestiario (Cortázar, 1951), me entraron ganas de volver a sus historias. Al abrir la primera página, esa que es imposible saltar porque por algún lado hay que empezar, encontré una dedicatoria:

Nada más tentador que entregarse al otro,
Aún más cuando a quién deseas está tan próximo,
Este libro es una muestra de lo mucho que quiero compartir contigo
Y está pensado para ti Irene.

Seguro que hubiese pensado que bonito si el firmante no fuese  ser amado. O debería decir la persona que me besa y abraza por las noches.

No me molesta constatar que amó a alguien más, porque de hecho lo hice yo también. De hecho no me molesta nada, pero ahora no puedo parar de imaginar cómo debió verse al lado de Irene. ¿Quién era él cuando sus pensamientos y deseos más intensos eran para ella?

¿Quién era él cuando amaba a otra?
¿Quién era él cuando amaba a otra?

Y aunque el riesgo de que ella reaparezca es nulo, la imaginación me sumerge en los miedos y alucinaciones propias de la conciencia. Porque si bien yo lo amo y tengo la certeza de ser amada, el amor es una voluntad de estar y velar por quien se nos ha dado por querer. Lo cual supone a la vez haber perdido el interés por el coqueteo y el ligue. Puede que dicho así a lo brusco suene excesivo, pero la norma social lo dicta y a la mayoría le parece bien.

Una vez acordado este punto queda la típica alusión sobre como la naturaleza humana está plagada de engaños, vilezas, incumplimientos, crueldades y malicias que brotan a veces de forma espontánea y a veces con la mayor de las planificaciones. ¿Quién podría preocuparse por una dedicatoria sin fecha? ¿Quién es Irene? ¿Importa el pasado? Sinceramente no creo que importe, pero es una puerta para imaginar otros escenarios apartados al tiempo que transcurre aquí y ahora.

Aquí y ahora.
Aquí y ahora.

La dedicatoria es en este caso un pretexto para pensar si es posible que alguien deje de desear o de ser deseado. La sola idea de no ser amada me da vértigo; pero no es solamente no ser amada, sino no serlo por aquel que deseamos y amamos. También si se piensa detenidamente da vértigo la monogamia y su conjuro de no desearas y no serás deseada NUNCA MÁS.

Parte de nosotros es olvido.
Parte de nosotros es olvido.

No lo sé pero me aventuro a decir que es el ferviente deseo de volver a sentir las mariposas en el estómago lo que nos hace buscar nuevos amores. Y cuando lo encontramos podemos convertir a nuestra pareja en un obstáculo o ser convertido en uno. Igual de verídico es que muchos actos pueden llevarse a cabo sin que nos enteremos jamás -y mejor que se queden allí para siempre en el secreto-, si solo serán desvelados con la intención de apartarnos y suprimirnos.

Mi cabeza empieza a dar vueltas y veo que estoy siendo masoquista; intento centrarme en algún otro detalle para comprender algo más del sentido de su amor, de sus palabras plasmadas en este: Y está pensado para ti Irene.

Porque aunque no conozco a Irene conozco a quién le dedico un libro y nunca se lo entrego, o lo hizo e Irene lo rechazo o se lo devolvió. -Me encantan tantas preguntas sin respuesta.-

Me dirijo al libro y su contenido. El primer problema con el que me encuentro es que Bestiario no es una sola historia sino ocho. El pensamiento lógico me induciría a pensar que la dedicatoria es la expresión del amor y el libro el intermediario por el cual es materializado. Pero como hoy tengo tiempo para imaginar -el mismo que hubiese invertido en leer- repaso las historias con los sentidos puestos en descubrir si hay alguna en especial que indique el nivel o ideal de amor que se estaba invirtiendo en esa relación.

Una pareja, un infierno artificial.
Una pareja, un infierno artificial.

Veamos…
En Casa Tomada la hermana se llama Irene (¡!). Muy romántico, omitiendo eso de que son hermanos, el quedar aislados por algo desconocido en una sola habitación, ¿Qué más pueden desear las parejas enamoradas sino estar 24/24 con el ser amado?

Casa tomada.
Casa tomada.

En Carta a una señorita en Paris se me dificulta ligar los conejos que salen de la boca del protagonista con una metáfora romántica,  destinada a la chica para la que escribe sus cartas. Se me ocurre la idea de que subrepticiamente él autor de la dedicatoria intenta decir que quiere que follen “como conejos”. Es bien sabido que las insinuaciones algo sucias y obscenas siempre alimentan el morbo en una relación. Bien sabido es también, que los conejos son lo menos sensual de este mundo, pero… O tal vez era tan simple como que Irene vivía en Paris, ¿Era francesa?

Amor pasajero
Amor pasajero

Lejana es el toque de filosofía, esencial en toda relación. Una historia compleja nos permite presumir de coeficiente intelectual; en mundano: hacernos los inteligentes e interesantes. Un buen cerebro puede lograr que el deseo se incremente a nivel extra-mega-intenso.

Ómnibus es el deseo básico vital por encontrar a nuestro igual, sentir esa empatía indescriptible de la atracción hacia alguien que acabas de conocer.

Visto lo visto hasta el momento 100% especulación 0% datos verificables.

Acabo de entender cómo funcionan esos cerebros invadidos por los celos. No sé cómo lo soportan yo llevo 30 minutos y ya me he saturado, me parece aburridísimo y además sus consecuencias son devastadoras; pueden acabar pudriendo toda relación o gusto por un ser al que hemos asignado características especiales. Qué desacierto.

La soledad del desacierto.
La soledad del desacierto.

En cambio me invade la curiosidad por saber cómo reaccionara mi amado al interrogatorio que le he preparado. Cruzará la puerta y dará las acostumbradas -buenas noches-. Entonces me levantare de mi silla –para agregar un tono dramático-, levantaré el libro y preguntare: ¿Quién es Irene? Tengo que ensayar para que la risa no arruine mi momento. Frente al espejo pongo cara de seria y entono diferentes tipos de voz para sonar directa y fría. Tengo 20 minutos antes de que llegue para planificar cómo reaccionar si calla –tiene todo el derecho- o si me encara y suelta una historia perfectamente creíble.

¿Quién es Irene?
¿Quién es Irene?

Hoy me apetece una corta escena de celos -como si me apeteciera lasaña de berenjena-, sin indignarme y procurando no ser intensa, para no dejar huella de algo que convenientemente se olvidó y que yo he resucitado porque necesitaba un pretexto para escribir.

Un comentario en “Infiernos Artificiales.

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