Colapso.

Cuando pienso en la mierda de mundo en el que vivimos me viene a la mente la palabra colapso, para representar la situación de la sociedad global.

Colapso porque la cosa no avanza. Sociedades caminando en círculos de destrucción. Se han descuartizado y desaparecido todos los recordatorios relacionadas con las obligaciones morales que debemos poseer como mecanismos del sentido común, que permitan construir una supervivencia digna y pacífica.

La destrucción del planeta es un hecho. Cuando lo hablo con la gente que está a mí alrededor de forma real o virtual, estamos de acuerdo. Es un hecho también, que en mayor o menor medida somos colaboradores directos e indirectos de la ruina.

Porque de nada sirve protestar y mostrar un radical desacuerdo con la injusticia mientras nuestra patética inacción nos cierra la boca con una cachetada cargada con cierta dosis de coherencia -la que buenamente nos permitimos- para aceptar las contradicciones “propias del –ser humano-“.

Hannah Arendt al enjuiciar a Eichmann decía: “no penséis que el mal y su banalidad se ocultan en criaturas extraordinarias: el mal, hasta el mal más inmundo, se puede cobijar en la estructura física y mental de un individuo tan banal y normal…”

La inmensidad del -deber ser- que nos limita para ser ordenados y cotidianos nos convierte en seres normales, cómplices de la destrucción. Apelando a la seguridad y desdeñando la desobediencia civil; ¿cómo dar el primer paso para romper el mutismo y activar la resistencia activa? para decir –basta- a la injusticia y a la desigualdad.

-bancarrota, caída, crac, crash, quiebra, colapso-

Ayer nuestra vida duro un segundo más… un segundo intercalado en medio de la rutina, una milésima más de vida, un segundo bisiesto. ¿Qué es el tiempo? Sería la pregunta obvia… ¿una simple referencia astronómica?

¿Y si este segundo no planificado obstruyera el tiempo? Y se convirtiese en un segundo infinito. Confieso que me apasiona la idea de que todo pare, la constante de destrucción. De pronto viviríamos en la nada. Colgados como en una cita que nunca se concreta.

Los responsables prenderían la TV, los inconscientes se besarían.
Y ese beso sería el mayor acto de resistencia pacífica, resucitaríamos a Gandhi en cada intercambio de bacterias y lo replicaríamos hasta conseguir que el mundo en ruinas vuelva a funcionar, pero con una condición…

Calientame el alma. Yo prometo calentarte los pies.

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